“En el curso de los últimos doce meses, millares de vidas han podido salvarse en la India,
Filipinas y en otros lugares gracias al perfeccionamiento de los pronósticos meteorológicos,
los sistemas de alerta temprana y los planes de evacuación.”

Ban Ki-moon
Secretario General de las Naciones Unidas2015

El Día Meteorológico Mundial se estableció para conmemorar la entrada en vigor del Convenio que dio vida a la Organización Meteorológica Mundial, (OMM) en 1950. El Convenio Meteorológico Mundial, fue adoptado en la Duodécima Conferencia de Directores de la entonces Organización Meteorológica Internacional (OMI), reunida en Washington en 1947[1].

En este sentido, desde 1961, el Día Meteorológico Mundial conmemora la entrada en vigor del Convenio por el que se estableció la Organización Meteorológica Mundial y la contribución esencial que los Servicios Meteorológicos e Hidrológicos Nacionales aportan a la seguridad y el bienestar de la sociedad[2].

La OMM es un organismo especializado de las Naciones Unidas y portavoz autorizado acerca del estado y el comportamiento de la atmósfera terrestre, su interacción con los océanos, el clima que produce y la distribución resultante de los recursos hídricos. Hasta el 1º de enero de 2013, tenía a 191 Estados y Territorios Miembros[3].

La organización de referencia, tiene como misión fundamental facilitar el intercambio gratuito y sin restricciones, en tiempo real o casi real, de datos, información, productos y servicios afines que guardan relación con la seguridad y la protección de la sociedad, el bienestar económico y la protección del medio ambiente. Asimismo, contribuye a la formulación de políticas en esas esferas a escala nacional e internacional[4].

Los datos emitidos por la OMM, afirman que el período 2011-2015, fue el más cálido del que se han tenido registros, ya que se alcanzaron temperaturas sin precedentes sobre la superficie terrestre y la del océano, producidas entre otras cosas por fenómenos como El Niño y el calentamiento global producido por el hombre[5].

Ejemplo de ello, es que el 2015 estuvo acompañado de numerosos fenómenos meteorológicos extremos, tales como las olas de calor, las inundaciones y sequías graves[6]. Además, por primera vez en ese año, se alcanzaron temperaturas que superaban aproximadamente en un 1 °C las de la era preindustrial[7].

No obstante, el aumento de las temperaturas no es sino un aspecto de la nueva realidad. El cambio climático está alterando el ritmo natural de las estaciones y está aumentando la frecuencia e intensidad de determinados fenómenos meteorológicos extremos, como las olas de calor, las sequías o las lluvias fuertes. Los cambios actuales son un anticipo de un futuro más cálido, más seco y más húmedo[8].

Todavía se pueden minimizar los daños. En diciembre de 2015 los gobiernos del mundo adoptaron por unanimidad el Acuerdo de París, en el que se prevén rápidas y fuertes reducciones de las emisiones de gases de efecto invernadero. En virtud de este Acuerdo histórico todos los países se comprometen a realizar esfuerzos ambiciosos para responder a la amenaza apremiante del cambio climático sobre la base de sus “responsabilidades comunes pero diferenciadas”. En él se aborda también el apoyo financiero a los países en desarrollo, la adaptación y la resiliencia al clima, las pérdidas y los daños, la transferencia de tecnología, el fomento de la capacidad y la educación, la formación y la sensibilización del público[9].