"Genaro Estrada era un tipo de cardenal romano del quinientos; un orondo prelado de los que sabían exprimir de la vida los más exquisitos jugos; un amante de la cultura en todas sus manifestaciones"
Fernández Mac Gregor
Jurista y académico
 

Genaro Estrada Félix extraordinario escritor, diplomático y hombre de estado nació en Mazatlán, Sinaloa, el 2 de junio de 1887, y murió en la Ciudad de México el 29 de septiembre de 1937.

Poeta, internacionalista, crítico de arte, fue profesor de la, entonces, Universidad Nacional de México y presidente de la Academia Mexicana de Historia. Ocupo importantes puestos en la administración pública, llegando a ser embajador en España y Turquía, y Ministro de Relaciones Exteriores[1].

A Genaro Estrada se le atribuye la aparición de las Monografías Bibliográficas Mexicanas, el Archivo Histórico Diplomático Mexicano, la Biblioteca Histórica Mexicana y muchas obras donde plasmó la huella de su amor por nuestra cultura[2]. Escribió varios libros, ejemplo son: Visionario de la Nueva España. Fantasías mexicanas (1921); Bibliografía de Amado Nervo (1923); Los poetas nuevos de México. Antología con noticias biográficas, críticos y bibliográficas (1916); Crucero, poemas (1928); Episodios de la diplomacia en México, primera serie (1928); y Escalera, Tocata y Fuga (1929), entre más[3].

En 1921, manifestó como el alma de la Sociedad de Bibliófilos Mexicanos, demostrando sus grandes inquietudes de editor. Fue entonces cuando publicó su primer libro (Visionario de la Nueva España), el cual consiste en una serie de ensayos y estampas sobre temas del arte y la vida del México novohispano [4].

Genaro Estrada tuvo diversos cargos en la Secretaría de Relaciones Exteriores: Oficial Mayor (nov 1921 – marzo 1924), Subsecretario (1924 a 1927) y Secretario (feb 1930 – enero 1932) .Durante su paso en esa institución, tuvo un desempeño distinguido conoció y practicó todos los aspectos de la diplomacia como maestro y guía: fue innovador, diseñador de política exterior, actualizó la estructura administrativa, dirigió la publicación del Archivo Histórico Diplomático Mexicano legado para la investigación e historia de las relaciones internacionales de México, modernizo el Servicio Exterior de Carrera con capacitación y una estructura acorde a los retos de la política exterior, lo profesionalizo al disponer, que las vacantes del personal diplomático y consular se cubrieran mediante exámenes rigurosos. Fortaleció en particular el Servicio Consular, consciente de su importancia en tareas tan delicadas como la defensa de los intereses y derechos de los mexicanos en el exterior, con acciones como la creación del Departamento de Protección a cargo, entonces, del consejero jurídico de la Embajada mexicana en Washington[5].

Para Estrada Felix, tampoco escapó la importancia de los medios de comunicación en una de las tareas prioritarias de la diplomacia, la defensa de la imagen de México, como lo muestra su esfuerzo gigantesco, dadas las limitaciones en recursos y técnica, del establecimiento de la Agencia Trens que mediante un sistema de radio receptores para América Latina en Valparaíso, y en Bilbao, para Europa, apoyaba a nuestras representaciones con información oficial sobre nuestro país[6].

Como diplomático, fue ejecutor diligente y creativo de la política exterior mexicana; como lo muestra su capacidad para dirigir la Cancillería y la política internacional de México, en una época compleja y difícil marcada de las presiones de los intereses extranjeros que habían sido afectados por la revolución mexicana; su política permitió a México lidiar durante la volátil y peligrosa Guerra Fría y negociar con las superpotencias, especialmente con Estados Unidos. Un patriota, celoso de nuestra autodeterminación nacional; vivió la lucha del gobierno de México por su reconocimiento internacional, conoció la práctica de los Estados poderosos de buscar privilegios en uso del pretendido "derecho al reconocimiento”, en la época de Obregón; rechazó los insistentes intentos para cuestionar el derecho de México a aplicar su Constitución, como fue el caso de la reglamentación del artículo 27 constitucional; el rechazo a las campañas de prensa contra México en el extranjero; defendió los derechos legítimos de nuestro país en las comisiones de reclamaciones; fue celoso protector de los mexicanos en el exterior, desplegó los· esfuerzos a su alcance para dar orientación y brindar defensa a los trabajadores migratorios de México en Estados Unidos [7].

El 27 de septiembre de 1930 fue publicada su Doctrina Estrada, cuando él ocupaba el puesto de secretario de Relaciones Exteriores. De suma relevancia para la historia nacional y mundial, se trata de una declaración oficial donde sostiene este principio: ningún Estado o Gobierno requiere del reconocimiento de otras naciones para proclamar su soberanía. Esta Doctrina confirma también los derechos a la no intervención y a la autodeterminación de los pueblos[8].

Como señala el investigador Leonel Pérez Nieto, el documento en cuestión es un valioso compendio de ideas donde se sintetizan dos importantes aspectos de la historia mexicana de las relaciones internacionales: la no intervención y la necesaria vinculación internacional de México[9].

El 3 de octubre de 1977 a cuarenta años de la muerte de Genaro Estrada Felix, tras la interpretación de la Marcha Fúnebre de la 3a Sinfonía de Beethoven con Guardia de Honor fueron trasladados los restos del diplomatico a la Rotonda de las Personas Ilustres, lugar donde a la fecha reposan.

De entre los servicios prestados por Estrada al Estado mexicano el que más destaca y la razón de su inhumación en la Rotonda, es la autoría de la Doctrina de Reconocimiento de Gobiernos de facto del 27 sept 1930.

Durante la ceremonia de inhumación la intervención del embajador Rafael de la Colina, entonces representante permanente de México ante la OEA y decano del Cuerpo de Embajadores de México, giro en torno a la gran visión de Estrada para formular la práctica que le permitiría a México articular sus relaciones con el mundo. Hizo hincapié en la importancia que la Doctrina Estrada había tenido en la conducción de la política exterior mexicana y para el posicionamiento de México en el concierto de las naciones. También abundo en el modo en que expresaba de manera enérgica los principios de autodeterminación de los pueblos y no intervención que habían sido tan preciados por México a lo largo de su historia como nación independiente[10].

En el siglo XXI podemos decir que la Doctrina Estrada continúa vigente. Ha sido adoptada por más de ciento cincuenta naciones, ha contribuido a que su objetivo fundamental: de acabar con la práctica del reconocimiento como mecanismo de presión de los países fuertes sobre los débiles, sea aceptado y considerado a nivel internacional. Sin embargo no ha podido frenar en diversas regiones del mundo el intervencionismo.

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