pasiva del «otro». Lleva aparejada la obligación
de actuar, y debe enseñarse, alimentarse
y defenderse. La tolerancia exige que los Estados
inviertan en las personas y en la realización de
todo su potencial por medio de la educación, la
inclusión y la creación de oportunidades, lo que
implica la construcción de sociedades fundadas
en el respeto de los derechos humanos, en que
el miedo, la desconfianza y la marginación son
sustituidos por el pluralismo, la participación y el
respeto de las diferencias.”
Ban Ki-moon
Ex Secretario General de las Naciones Unidas
2015
El 12 de diciembre de 1996, la Asamblea General de las Naciones Unidas (ONU) ―en su Resolución A/RES/51/95― declaró el 16 de noviembre como Día Internacional para la Tolerancia, solicitando a la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) continuar coordinando las medidas de apoyo a la promoción y educación en materia de tolerancia, en asociación con otros organismos de la ONU, organizaciones intergubernamentales y no gubernamentales, presentar cada dos años un informe sobre la aplicación de la Declaración de Principios y el Plan de Acción de Seguimiento.[1]
Un año antes de esta resolución, los países miembros de la UNESCO adoptaron la Declaración de Principios sobre la Tolerancia, la cual afirma que la tolerancia no es indulgencia o indiferencia, sino es el respeto, el saber apreciar la riqueza y variedad de las culturas del mundo, como las distintas formas de expresión de los seres humanos. También la describe no sólo como un deber moral, sino como un requerimiento político y legal para los individuos, los grupos y los estados. La sitúa dentro del marco del derecho internacional sobre derechos humanos elaborado en los últimos cincuenta años, pide a los Estados legislar para proteger la igualdad de oportunidades de todos los grupos e individuos de la sociedad.[2]
Así, una conducta tolerante implica un discernimiento individual para respetar y aceptar las diferencias políticas, sexuales, raciales y sociales de los demás. Asimismo, la tolerancia se encuentra estrechamente vinculada al deber de toda persona, de respetar los derechos humanos de los demás individuos. Dentro de esos derechos podemos mencionar el derecho a la libertad e igualdad y la prohibición de la discriminación, derechos humanos reconocidos en tratados internacionales de los que México es parte.[3]
Al ser la educación el medio más eficaz para fomentar la tolerancia, es indispensable la difusión de los diversos derechos humanos que se encuentran vinculados a ella. Por esto, la UNESCO ha señalado algunos elementos que la impulsan:[4]
- Utilizar un lenguaje con la ausencia de calificativos raciales, étnicos o de sexo, lo cual puede fomentarse evitando adjetivos y verbos que prejuzguen la descripción de acontecimientos o de personas.
- La igualdad entre las personas para acceder a los beneficios sociales, a las actividades públicas y a las oportunidades educativas y económicas para todos los grupos, tanto hombres como mujeres, y de cualquier raza, etnia, religión, edad o clase social.
- El respeto mutuo a la dignidad humana de todas las personas de la sociedad.
- La igualdad de oportunidades para la participación de las minorías, hombres y mujeres, en el proceso democrático.
Debido a lo anterior es indispensable la unión entre toda la sociedad para luchar contra la intolerancia; de igual forma es necesaria la cooperación de todos los órdenes de gobierno para impulsar y promover leyes sobre educación y derechos humanos que prohíban los crímenes y las discriminaciones contra las minorías[5]
[1] https://undocs.org/es/A/RES/51/95
[2] https://www.un.org/es/events/toleranceday/index.shtml
[3] https://www.cndh.org.mx/sites/default/files/documentos/2019-05/32-DH-tolerancia.pdf
[4] https://www.cndh.org.mx/sites/default/files/documentos/2019-05/32-DH-tolerancia.pdf
[5] https://www.gob.mx/inafed/articulos/16-de-noviembre-dia-internacional-para-la-tolerancia




